“Historia de la Universidad Nacional de La Rioja” – Carlos Alberto Lanzillotto

Título 13
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Entre los múltiples aportes de este libro se destaca fundamentalmente, la paciente, responsable y seria investigación de las raíces más profundas que sostienen lo que actualmente es la UNLAR.
De su lectura se desprende con claridad que la UNLAR no nació con la ley de 1993 (llamada Ley de creación de la Universidad) porque esta ley, lo que hace es nacionalizar la Universidad Provincial de La Rioja, y la Universidad Provincial de La Rioja es el resultado de un largo proceso de luchas y logros cuya narración ocupa la mayor parte de la investigación y el relato del Lic. Carlos A. Lanzillotto.
Tras mencionar iniciativas muy remotas en el tiempo, el autor comienza a aportar documentación probatoria acerca de lo que fue la Universidad Popular de La Rioja (época del interventor Ocampo Jiménez). Nos da noticia, en detalle, de los primeros pasos dados, los que se remontan a la firma de un convenio con la Universidad de Cuyo en 1952, mediante el cual se creaba en La Rioja una delegación de dicha casa de altos estudios. De las diferentes escuelas de esa unidad académica provincial (administración, técnicos mineros y técnicos topógrafos) egresaron varias promociones.

Cierta indiferencia amenazó con desbaratar este primer paso en firme en aras de la concreción de estudios universitarios en La Rioja: Pocos meses después de la llamada “Revolución Libertadora” La Universidad de Cuyo decide levantar la Delegación La Rioja argumentando razones presupuestarias; Se desempeñaba entonces como titular el Dr. Enrique Vera Barros (1955) quien, junto al grupo de docentes que se venía desempeñando decide continuar con esa “patriada” de sostener la continuidad de esta universidad en formación. Ciertamente el tesón del doctor Vera Barros será decisivo en este proceso que culminará con la creación de la universidad. También el autor, Carlos Alberto Lanzillotto, tiene un rol protagónico (justamente él aclara, antes de comenzar, que aunque su intención es ser objetivo, es posible que algún adjetivo transparente su opinión sobre los hechos narrados y por eso adjunta todos los documentos en los que se basa su investigación).
Cuando asume como gobernador Herminio Torres Brizuela, junto a su ministro de gobierno Carlos Mario Lanzillotto emiten un decreto aceptando el desafío no sólo de continuar con la ex delegación de Cuyo, sino de trabajar para la instalación de una Universidad Provincial.Decía en aquel momento el Ministro que se debía velar por la manutención y progreso de los establecimientos secundarios existentes, practicar la apertura hacia la creación de nuevos establecimientos ese nivel y especialmente “librar la batalla”(p. 32).

De inmediato se constituye El Movimiento Pro Universidad de La Rioja que en su riquísima historia de luchas y de superación de obstáculos, va logrando paulatinamente hacer realidad sus sueños: primero, con la apertura de la escuela universitaria de Ciencias Económicas que ofrecía la carrera de Contador Público, sin dejar de lado el Instituto de Bocio y Nutrición a cargo del Dr. Mario Desio de la Vega, que ya tenía rango universitario, Luego con la creación de la escuela de Servicios Sociales y más tarde de las otras. Numerosos profesionales riojanos egresaron de estas carreras.

De la lectura de estas páginas se desprende que más de una vez se intentó desconocer todos estos esfuerzos y logros: primero en los años setenta, cuando surge el movimiento QUR (época del Ministro Malec) y más recientemente, cuando en 1993 se nacionaliza la universidad. Tanto en aquella oportunidad (época de QUR) y en esta se pretendió ignorar esta historia de pioneros rescatada por Lanzillotto: ésta no pudo silenciarse porque sus protagonistas, hombres memoriosos y capaces, nos legaron no sólo su testimonio sino también su investigación histórica bien documentada.

La Historia de la Universidad de La Rioja nos lleva a reflexionar que esta universidad que tenemos los riojanos la debemos al tesón y la perseverancia de hombres de bien cuyas virtudes se sintetizan en la figura del Dr. Enrique Vera Barros a quien este libro hace justicia porque lo muestra como un incansable luchador en procura de ideales nobles.
Todos estos aspectos que aborda el licenciado Carlos Alberto Lanzillotto hacen a la verdadera historia de la universidad y se encuentran aquí narrados y corroborados por la documentación transcripta. Su lectura tendría que ser obligatoria entre los actuales jóvenes estudiantes de la UNLAR porque es parte de nuestra memoria de comunidad, y son las raíces de su formación universitaria.

Nada es casual. Tal vez haya a quien no convenga reconocer o recordar cómo nace la universidad riojana y por eso es tan triste escuchar a los jóvenes adictos a la actual conducción universitaria, proclamar que la universidad es obra de Tello Roldán, como si hubiera ésta salido de la nada. Bajo la administración Tello se nacionalizó la universidad, y se crearon sí nuevas carreras de pertinencia discutible, cuya valoración sería materia de otro libro.

Marcela Mercado Luna

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