“Divinidades Diaguitas” – Juan Z. Agüero Vera

Título 14
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Abrimos la SEGUNDA SERIE de la Colección La Ciudad de Los Naranjos con Divinidades diaguitas, obra cumbre sobre nuestra cultura precolombina, escrita por el Dr. Juan Zacarías Agüero Vera en los albores del siglo XX, cuando los estudios folklóricos eran escasos y esporádicos en el país.

La supervivencia en su tiempo de ciertos cultos, invocaciones y relatos entre los pobladores de distintas zonas de la provincia, dan pie al investigador para reconstruir el sendero que lleva al antiguo panteón diaguita, con sus dioses principales y menores, generalmente relacionados con algún aspecto de la vida económica de los pueblos, o con la búsqueda de una respuesta a los eternos interrogantes del hombre. Así, estas deidades, las más de las veces poseedoras de una dualidad inmanente a su condición sobrenatural, se irán presentando ante nosotros con su culto, su historia y atributos particulares.

Númenes esencialmente vinculados a lo terrestre más que a lo sideral, Pachamama, Yacumama, Saramama, Zapam-zucum, cada una desde su ámbito de influencia, develarán junto a Llastay, Huayrapuca, Mikilo y tantos otros, el alma devota del indígena y su profundo respeto al medio ambiente y a la tierra proveedora de los elementos más vitales.

El autor, consciente del escaso prestigio del que las creencias populares gozaban entre sus contemporáneos “ilustrados”, cree necesario acudir permanentemente a los mitos clásicos, o provenientes de otras civilizaciones, para señalar paralelismos tendientes a dar a la religión diaguita su lugar junto a otros difundidos mitos milenarios que abonan la cultura universal. Reconoce que lo suyo es muy nuevo (anótese que esta obra fue escrita entre 1922 y 1925); no realiza afirmaciones categóricas: con la humildad propia de los hombres sabios, insinúa que sus investigaciones dejan planteada la cuestión para que estudios posteriores la profundicen. Pero sabe que no hay tiempo que perder, que las viejas creencias se desdibujan con el correr de los años, tal como bellamente lo expresa en ese verdadero canto de amor casi elegíaco con que se abre el capítulo de la Zapam-zucum, deidad cuyos rastros, dice, “se borran en la senda por donde pasa tanta gente, en el trajín constructivo de la vida del mañana”, un mañana en el que los dioses serán “sólo el fantasma de un recuerdo, informe como la niebla, impalpable como el perfume, vago, como la tradición de una raza vencida”. Por eso, este gran enamorado de su tierra, actúa sin dilaciones:

Busco la revelación del mito en función de los monumentos, de las prácticas, de los recuerdos vivientes y del medio en que se manifestaron las divinidades autóctonas, y [también allí] donde perduran, siquiera vagamente modificadas… (Cap. V, Huayrapuca, p101).

Nada menos que nuestro propio pasado nos lega Juan Zacarías Agüero Vera con este libro suyo: reeditándolo, creemos ganarle una batalla más al olvido.

Marcela Mercado Luna

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