“Obra Poética” – José Martiniano Paredes

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El Tono I de la Colección La Cuidad de los Naranjos corresponde a la la OBRA POÉTICA de José Martiniano Paredes y es una selección de sus textos más representativos.

Nacido en Nonogasta el 8 de abril de 1913, cursó sus estudios primarios y secundarios en la ciudad de La Rioja, donde residió hasta su muerte, acaecida el 13 de agosto de 1989. Participó de “Calíbar”, agrupación de artes y letras de la que fue —al decir de Carlos Alberto Lanzillotto— “techo y pan, y sombra, y abrigo…”. Siempre estuvo vinculado a la vida cultural riojana, no sólo a través de su escritura, sino también, de sus amistades y de las múltiples actividades de las que participaba junto a su mujer, Olga Santocchi, pionera del teatro infantil y juvenil en esta ciudad.
Después de una primera etapa, cosmopolita en su temática y con clara influencia modernista en el estilo, la mirada poética de Paredes se focaliza en su tierra y su gente. El nombre Rioja y su correspondiente gentilicio, se expresa una y otra vez en sus textos, así como también el de muchas localidades de la provincia, especialmente en los dos poemarios de la década del cincuenta: Rioja de mi canto y Tras la voz, la tierra en los quecomo los mismos títulos lo hacen prever aparece con gran fuerza expresiva el amor al suelo natal y a todo aquello que con él se relacione: el paisaje, el hombre, la vida sencilla del pueblo, las tradiciones…
La poesía de la madurez de Paredes refleja acaso sus preocupaciones más hondas y sinceras. Su libro Rostros de América (1986) apuntará a la esencia misma del hombre, trascendiendo las fronteras del regionalismo anterior para dar paso a la búsqueda de la identidad latinoamericana, reflexionar sobre el sentido de las guerras y volver, además, la mirada hacia sí mismo, nombrando sentimientos personales, en un tono intimista y confesional.
De espíritu sensible, José Paredes expresó sus estados de alma, supo rendir tributo a la patria grande y al suelo natal, e interpretó el sentir del pueblo, no sólo en sus padecimientos, sino también en sus alegrías.

Marcela Mercado Luna

 

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