“El hombre que olvidó las estrellas” – Ángel María Vargas

Título 3
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El único libro estrictamente literario que Vargas (además de los cuentos aparecidos en diferentes medios nacionales y provinciales) publicó en vida, corresponde a la colección de nueve relatos que el escritor reuniera bajo el título del primero de ellos: El hombre que olvidó las estrellas (1940). Con el correr de los años, vieron la luz diferentes ediciones de su obra. En 1986, aparece una selección de textos (seis poemas y seis cuentos, tres de los cuales pertenecían a la obra de 1940) en la colección Cacique Coronilla de la Dirección de Cultura de la Provincia de La Rioja a cargo, en aquel entonces, del escritor Héctor David Gatica.

En 1999, la Biblioteca Mariano Moreno edita en su Colección La Ciudad de los Naranjos, este volumen en el que se agregan, a los nueve textos originales, dos de aparición posterior a 1940.

Una voz poética que multiplica las voces de seres anónimos.

La mayoría de los relatos de Ángel María Vargas están ambientados en La Rioja pueblerina o rural, una Rioja habitada, las más de las veces, por personajes sencillos y pobres, usuarios –como hablantes– de un registro verbal no escolarizado, y protagonistas de hechos cotidianos que van desplegando en su devenir toda una galería de caracteres que revelan al gran conocedor del alma humana que les da vida en su mundo narrativo. Y, aunque estos personajes se mueven dentro de un escenario regional y costumbrista, los temas abordados y la profundidad de su tratamiento les otorgan dimensiones universales. Las relaciones humanas problemáticas –especialmente familiares–, la pobreza, la muerte, la angustia, la infancia, la valoración de la naturaleza… son motivos que componen la trama de estas historias expresadas en un discurso narrativo desbordante de lirismo y con una ductilidad admirable en el empleo del diálogo en diferentes registros léxicos, que transparentan la pluma de un sabio observador: sus personajes se nos muestran absolutamente verosímiles, no sólo en sus acciones sino también en el remedo del habla propia del pueblo y en el empleo de un vocabulario regional, en este caso salpicado de términos riojanos.

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